Pequeña teoría sobre los días de lluvia

by pdalvarez

Mientras escribo esto, en Buenos Aires llueve. Amaneció soleado pero después se fue nublando y el calor seguía subiendo y a eso de las cuatro de la tarde el cielo se puso negro y la lluvia no tardó en llegar. Y ahora, cuando todavía no son las diez de la noche, sigue lloviendo.

Entonces me puse a pensar en cómo la lluvia nos afecta de maneras diferentes y en cómo hacemos de todo un mundo, una tragedia. Manuel, por ejemplo, no maneja cuando hay lluvia. Será porque su abuelo murió en un accidente de autos una tarde lluviosa, en la ruta tres. O será porque alguna vez el granizo le dejó su auto como si fuera de telgopor, pero él le tiene fobia a la combinación de lluvia & tráfico.

Después están los que, imposibilitados de hacer algo porque están en la otra punta de la ciudad o encerrados en una reunión, se preocupan por las cosas que pueden mojarse. Las ventanas abiertas, la ropa colgada, el perro en el patio o lo que fuere, parece que la lluvia fuese algo más que agua cayendo del cielo y entran en una paranoia total y no hay cristo que los convenza de que por más que se apure, de que se teletransporte a su casa, ya es demasiado tarde. Las cosas se mojaron y después se secarán. No hay mayor problema que ese.

Los peatones también enloquecen, ¿viste?. Caminan rápido, te llevan por delante, tratan de ganar diez segundos en una caminata de diez minutos, creyendo que van a llegar un poco menos mojados adonde sea que vayan. Pará en un café, tomate algo y esperá a que pase. No es tan grave llegar diez minutos tarde a tu cita y la lluvia nos habilita a ser impuntuales sin que nadie nos reproche nada “Llegué tarde, es que con esta lluvia…”

Los imprudentes del paragüas merecen (y aquí lo tienen) un párrafo aparte. Por un lado están los que usan esas sombrillas que podrían cubrir a todo el staff de Cuestión de Peso. Por otro lado, los que caminan con el paragüas abierto debajo de los balcones. Los que combinan estas dos características merecen ser exiliados a Seattle y soportar temporadas eternas de lluvia.

Y por último estamos los que disfrutamos de caminar bajo la lluvia, los que cuando éramos chicos escuchábamos a Serrat cantando Balada en Otoño y nos poníamos melancólicos pensando en alguien que no pensaba en nosotros y que mañana estaremos abrazados a una caja de pañuelos descartables XL, tomando té y estornudando sin parar. Los dejo que voy a Farmacity a comprar Kleenex. Cierren bien puertas y ventanas y quédense en su casa, que afuera llueve.