Pequeña teoría sobre la angustia

by pdalvarez

Tomemos un vaso de vidrio, transparente. Pongámosle agua hasta, por ejemplo, tres cuartas partes. Podremos ver el agua transparente, cristalina, sin impurezas. Tomemos después un frasco de tinta y volquemos sobre el agua una sola gota. Veamos ahora cómo la gota va descendiendo lentamente, deshaciéndose, formando pequeñas figuras caprichosas que terminan por teñir toda el agua que había en el vaso. Con la angustia, pasa exactamente lo mismo.

Podemos despertarnos una mañana y que un hecho aleatorio se convierta en esa gota que está a punto de teñirlo todo. Puede ser una canción que nos recuerde momentos felices o pensar en una persona que ya no está. Incluso puede ser que se nos quemen las tostadas y nos demos cuenta de que somos inútiles para cocinar cuando nos creíamos el más refinado de los cocineros. No tiene por qué ser algo trascendente, cuanto más pequeño, más denso es el color que vamos a lograr.

A veces, nos quedamos un tiempo mirando cómo el agua va cambiando de color, cómo la angustia va cubriéndolo todo y ya no podemos ver a través de ese vaso transparente y saciador de sed. Intentamos meter la mano en el vaso para quitar la gota y sólo logramos mezclarla más, mancharnos los dedos, que la angustia se traslade al cuerpo y que no querramos tocar nada por miedo a mancharlo.

La gota deja de ser una gota y esa canción te lleva a otra situación y después a otra y cuando te querés acordar, ya te olvidaste de qué fue lo que la originó porque en lo único que pensás es en ese puto vaso con agua teñida por ya no recuerdo qué canción.

Hasta que en un momento, te iluminás y te das cuenta de que la solución está mucho más cerca de lo que creías. Y agarrás el vaso, mirás ese color parejo que fue tomando el líquido y girás la mano. Sólo eso, girás la mano. Y el líquido se va por la rejilla, el vaso lentamente va recuperando su color original y la angustia lentamente se va por las tuberías.

Después enjuagás el vaso y volvés a llenarlo de agua, otra vez limpia, otra vez transparente, y te reís de vos mismo al darte cuenta de que era tan sencillo como girar la mano, enjuagar el vaso y volver a llenarlo.

Y que ni la más densa de las tintas, ni la más profunda de las angustias, puede teñirte el día si vos no estás dispuesto a soportarlo.