Diciembre

by pdalvarez

Diciembre es como un monstruo de dos cabezas. Es el fin y el principio de todo, el viernes del año o un año en si mismo. Es la última chance de cumplir nuestros objetivos anuales (si los hubiera) o la primera oportunidad de ponernos objetivos para el año que recién empieza (si los hubiera).

Por un lado, diciembre es llegar hasta la cima de la montaña y desde ahí mirar hacia abajo y ver todo lo que tuvimos que escalar para llegar ahí. Y nos daremos cuenta de que en esa escalada, hubo algunos metros que fueron casi un paseo, donde la montaña prácticamente no tenía pendiente y era como una escalera mecánica donde fuimos subiendo sin hacer ningún esfuerzo. Y después hubo otros donde tuvimos que poner un poco más de nosotros, a veces tomándonos del pasamanos, otras sin más ayuda que la de nuestro equilibrio y la inevitable necesidad de seguir subiendo, porque abajo se iba derrumbando todo.

Nos habremos detenido alguna vez frente a una pared de piedra que tuvimos que analizar para ver cómo carajo subirla, porque no había ni una grieta donde clavar los grampones y seguir subiendo. Y caminar por precipicios y alguna que otra vez detenernos a mirar el paisaje pero sin tiempo para sacar fotos, porque había que seguir subiendo, había que llegar a diciembre, porque hay que terminar diciembre para que todo vuelva a empezar.

Y ahora que estamos en diciembre y miramos hacia abajo y vemos todo lo que tuvimos que escalar para llegar hasta acá, nos damos vuelta y vemos el vacío absoluto (o el Absolut vacío) y sabemos que tenemos que tomar carrera para saltar y caer en enero. Saltar al vacío para volver a subir, para seguir subiendo. Saltar sin pensar en que hay posibilidades de que el paracaídas no se abra y nos choquemos con enero y tengamos que empezar el año nuevo con algunos huesos rotos.

Todos los diciembres son el mismo parecido. Llegar hasta arriba para tirarnos y renovar las esperanzas, intentando llegar sanos y salvos al próximo diciembre. El Neverending Climbing Tour, la montaña mágica del paso del tiempo que no para (hasta que se detiene para siempre y entonces, ay, ya no habrá montañas para escalar ni de dónde tirarnos por nuestros propios medios, pero que alguien se encargue de tirar nuestras cenizas y entonces si, la respuesta estará flotando en el viento).

Porque como leí hace poco, diciembre es para los valientes. En eso estamos.